Hormigueos, pinchazos y acorchamiento: cuando los nervios se quejan.

¿Sientes hormigueo, pinchazos o acorchamiento en el brazo tras la operación de mama? Te explicamos por qué ocurre y cómo el ejercicio terapéutico ayuda a calmar tus nervios.
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Jaime Pessini

Fisioterapeuta y Educador Físico


Tras la cirugía de mama, es muy frecuente que aparezcan sensaciones que nada tienen que ver con el dolor típico de una herida. Muchas pacientes nos cuentan: «Siento como si me pasaran electricidad por el brazo», «tengo la zona de la axila acorchada» o «noto unos pinchazos que me llegan hasta el codo».

Estas sensaciones son las «quejas» de tus nervios. Durante la cirugía, para llegar a donde hace falta, los nervios de la zona pueden sufrir estiramientos, compresión o verse afectados por la inflamación. No es que estén «rotos», es que están irritados.

¿Por qué el brazo se siente «raro»?

El sistema nervioso es como una red eléctrica de precisión. Cuando hay una cirugía cerca de la axila o el tórax, los nervios periféricos pueden reaccionar de varias formas:

  1. Hipersensibilidad: La piel está tan sensible que hasta el roce de la ropa molesta (alodinia).
  2. Acorchamiento (Anestesia): Zonas donde no sientes nada, como si la piel no fuera tuya.
  3. Hormigueo y calambres: El nervio está enviando señales erróneas mientras intenta recuperarse.

Aunque estas sensaciones pueden ser desesperantes y dar miedo (pensando que el brazo se va a quedar así para siempre), en la gran mayoría de los casos son temporales y forman parte del proceso de «reconexión» de tu cuerpo.

El ejercicio terapéutico como «calmante» para tus nervios.

Aquí es donde entra nuestra propuesta de ejercicio. Muchos nervios se irritan porque se quedan «atrapados» o «tensos» debido a la inflamación y la falta de movimiento.

A diferencia de los estiramientos agresivos (que pueden irritar más al nervio), el ejercicio de control motor ayuda a:

  • Movilización Neural Suave: «Deslizar» el nervio entre los tejidos sin estirarlo a la fuerza. Es como pasar un hilo de seda por un canutillo para que no se pegue.
  • Desensibilización: Mediante el movimiento controlado y estímulos específicos, enseñamos a tu cerebro que el roce y el movimiento no son peligrosos, bajando el volumen de esas señales de calambre.

Recuperar el tacto y la calma.

No dejes que el hormigueo te impida moverte. De hecho, quedarte quieta es lo que hace que los tejidos se vuelvan más rígidos y el nervio tenga menos espacio para recuperarse.

En nuestra valoración, analizamos qué nervio está dando la cara y te pautamos la dosis exacta de movimiento para calmarlo, no para irritarlo más. El objetivo es que dejes de sentir tu brazo como algo extraño y vuelva a ser parte de ti.