¿Te duele más el cuello y la espalda que la propia cicatriz?

¿Sientes el trapecio como una piedra y dolor en las cervicales tras la cirugía de mama? La postura de protección sobrecarga tu espalda
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Jaime Pessini

Fisioterapeuta y Educador Físico

Pasan las semanas desde la cirugía y, aunque la herida del pecho o la axila va curando bien, empieza a aparecer un problema nuevo y desesperante: te levantas con el cuello rígido, tienes un dolor constante entre los omóplatos y sientes el músculo del trapecio (entre el cuello y el hombro) duro como una piedra.

Muchas pacientes nos dicen: «Ya casi no me duele el pecho, pero la espalda me está matando y tengo unos dolores de cabeza horribles».

No es casualidad ni es estrés. Es pura biomecánica. Tu cuello está pagando los platos rotos de tu hombro.

La «postura de protección»: cuando el hombro se encoge.

Después de una agresión quirúrgica, el cerebro activa un mecanismo de defensa automático: acortar las distancias para proteger la zona herida. Sin darte cuenta, pegas el brazo al cuerpo, hundes un poco el pecho y, lo más importante, elevas el hombro del lado operado hacia la oreja.

Esta postura de protección es natural los primeros días, pero si se mantiene en el tiempo, altera por completo el funcionamiento de tu tren superior.

Por qué el cuello se lleva la peor parte.

El músculo trapecio y la musculatura cervical están diseñados para mover la cabeza, no para sostener el peso de tu brazo y tu hombro en tensión las 24 horas del día.

Al llevar el hombro encogido hacia arriba para evitar que la axila se estire o roce, estás obligando a tu cuello a hacer un esfuerzo para el que no está preparado. El resultado es:

  1. Sobrecarga muscular: El trapecio se agota, se inflama y se llena de contracturas.
  2. Dolor referido: Esa tensión en el cuello puede subir hacia la cabeza (cefaleas tensionales) o bajar hacia el brazo, confundiendo los síntomas.
  3. Bloqueo de la escápula: El omóplato deja de moverse con fluidez, lo que limita aún más la capacidad de levantar el brazo.

Darte masajes en el cuello es solo un parche.

Ponerte calor o darte masajes en las cervicales te aliviará durante unas horas, pero el dolor volverá al día siguiente. ¿Por qué? Porque el problema no está en el cuello, está en la falta de control motor del hombro.

La única forma de eliminar ese dolor de espalda para siempre es «convencer» a tu cerebro de que ya no necesita proteger el pecho y que puede bajar el hombro. En nuestro programa de ejercicio terapéutico online, trabajamos específicamente para:

  • Reeducar la postura y «desactivar» el trapecio.
  • Reeducar la musculatura estabilizadora de la escápula para que el hombro vuelva a su sitio natural.
  • Recuperar la confianza en el movimiento del brazo, eliminando la necesidad de encogerse.

No te acostumbres a vivir con dolor de espalda. Tu cuello solo necesita que tu hombro vuelva a funcionar correctamente.

[¿Tienes el cuello y la espalda sobrecargados? Reserva tu valoración y vamos a corregir esa postura desde la base]