¿Sientes que la cicatriz te «tira» por dentro? El problema de las adherencias

Hoy quiero hablarte de lo que ocurre bajo tu piel una vez que la herida externa ha cerrado: las famosas adherencias cicatriciales
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Jaime Pessini

Fisioterapeuta y Educador Físico

«Por fuera se ve estupenda, ya me han quitado los puntos, pero cuando intento levantar el brazo siento que la piel está pegada a las costillas y me frena en seco».

Como fisioterapeuta, escucho esta frase casi a diario en la clínica. Hoy quiero hablarte de lo que ocurre bajo tu piel una vez que la herida externa ha cerrado: las famosas adherencias cicatriciales.

Es normal que los primeros días tengas miedo a tocarte o a estirarte por si la herida se abre. Pero una vez que el cirujano te da el alta de la cicatriz, el verdadero trabajo acaba de empezar.

El «pegamento» interno de tu cuerpo.

Para entender por qué tira, hay que entender cómo repara el cuerpo. Cuando hay una incisión, tu organismo envía colágeno a la zona para «tapar el agujero» lo más rápido posible. El problema es que el cuerpo no es ordenado al hacer esto; lanza fibras de colágeno en todas direcciones, como si fuera una red o un pegamento fuerte.

Si durante esas semanas el pecho y el brazo apenas se han movido (la típica postura de protección de la que solemos hablar), ese «pegamento» se seca uniendo capas que deberían estar separadas: la piel se pega a la grasa, la grasa a la fascia y la fascia al músculo.

A eso lo llamamos adherencia. Y por eso, cuando semanas después intentas subir el brazo, el tejido no resbala, sino que tira como si llevaras una camiseta dos tallas más pequeña.

Ponerte crema no es suficiente.

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Nos han enseñado que cuidar una cicatriz es echarle aceite de rosa mosqueta y masajearla un poco por encima. Eso está genial para la hidratación superficial y el aspecto estético, pero no rompe las adherencias profundas.

Para que las capas internas de la piel y el músculo vuelvan a deslizarse entre sí, necesitamos generar tracción mecánica. Es decir, necesitamos movimiento.

El movimiento como «plancha» para tus tejidos.

El ejercicio terapéutico es la herramienta más eficaz para reorganizar esa cicatriz rebelde. En nuestro programa online, no te pedimos que des tirones bruscos, sino que realizamos un trabajo muy pautado:

  1. Respiración diafragmática y costal: Usamos tus propias costillas para estirar la cicatriz desde dentro hacia fuera en cada respiración, algo fundamental y muy seguro en las primeras fases.
  2. Movilidad multidireccional: Empezamos a mover el brazo y el tronco en ángulos muy concretos para «enseñarle» a esas fibras de colágeno en qué dirección deben alinearse.
  3. Deslizamiento fascial: A través del movimiento activo, obligamos a que las capas de tejido vuelvan a independizarse, eliminando esa sensación de llevar una coraza.

Una cicatriz sana es una cicatriz que se mueve contigo. No te conformes con que «se vea bonita» por fuera; tu objetivo es que deje de frenarte por dentro.

[¿Sientes la zona rígida y acartonada? Únete a nuestro programa y devuélvele la elasticidad a tu cuerpo]