¿Sientes una «cuerda» en la axila que te impide estirar el brazo?

¿Notas una tensión que te impide estirar el brazo? Te explicamos qué es el síndrome de la red axilar (cuerdas) y cómo recuperar tu movilidad.
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Jaime Pessini

Fisioterapeuta y Educador Físico

Unas semanas después de la operación, justo cuando parece que todo va mejorando, muchas mujeres notan algo nuevo y desconcertante. Al intentar peinarse o alcanzar algo, sienten una tensión interna muy fuerte, como si tuvieran una cuerda de violín tensa que va desde la axila hasta el codo o incluso la muñeca.

Si te palpas la zona, puedes llegar a notar un cordón rígido bajo la piel. En fisioterapia lo llamamos Síndrome de la Red Axilar, pero entre nosotras solemos llamarlo simplemente «las cuerdas«.

¿Por qué aparecen estas cuerdas?

Aunque ver y sentir esa «cuerda» asusta, no es nada grave ni significa que se haya roto nada por dentro. Se trata de una respuesta de los vasos linfáticos y el tejido conectivo tras la cirugía (especialmente si te han quitado ganglios).

Es como si esos conductos se volvieran rígidos y cortos por la inflamación, perdiendo su elasticidad natural. Por eso, cuando intentas estirar el brazo, la «cuerda» se tensa y te frena. Es un mecanismo de defensa de tu cuerpo que, aunque molesto, tiene solución.

Cómo saber si lo tienes: los síntomas claros.

No todas las mujeres lo experimentan de la misma forma, pero hay tres señales que no fallan:

  1. Tensión al estirar: Notas un «frenazo» doloroso al levantar el brazo hacia el lado o hacia arriba.
  2. El cordón visible: En ciertas posturas, se puede ver o palpar una línea rígida bajo la piel de la axila.
  3. Dolor punzante: A veces la sensación es de un «pinchazo» eléctrico que recorre el brazo por la cara interna.

¿Qué podemos hacer en fisioterapia?

Esta es la mejor parte: las cuerdas responden increíblemente bien al tratamiento. No hace falta sufrir meses con esta limitación.

En consulta, lo que hago es trabajar de forma muy suave sobre ese tejido rígido. No se trata de «romper» la cuerda a la fuerza (eso sería doloroso e innecesario), sino de devolverle la elasticidad con técnicas manuales suaves y movimientos dirigidos.

En casa, puedes empezar con estos consejos útiles:

  • No fuerces el estiramiento: Si duele de forma aguda, para. Los estiramientos deben ser progresivos y constantes, nunca agresivos.
  • Hidratación: Mantener la piel bien hidratada con un masaje suave ayuda a que los tejidos se deslicen mejor.

Recupera tu rango de movimiento.

Sentir que el brazo se queda «corto» te quita mucha libertad en tu día a día. Cuando te valore personalmente, identificaremos rápidamente si lo que sientes son cuerdas o simplemente cicatriz rígida, y trazamos el plan para que vuelvas a estirarte sin miedo ni tirones.